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Tarragona
Tarragona, capital de la Hispania Citerior durante el
Imperio romano, conserva numerosas construcciones de
este periodo. Las murallas que rodean el casco histórico
fueron levantadas en el siglo III a. C., aunque fueron
reformadas en la época medieval. Al lado del
mar se levantan las gradas del anfiteatro romano que,
en su día (s. II), tenía capacidad para
más de 12.000 personas. En estas instalaciones
se asistía a combates entre gladiadores y fieras.
La antigua Tarraco también contaba con teatro
y circo. El teatro, fuera del recinto amurallado y en
el actual Paseo Arqueológico, aprovechaba el
desnivel de este área para asentar la gradería.
Alrededor de la plaça de la Font, se conservan
las bóvedas que sostenían la cavea (gradas)
del circo, recinto en el que se corrían carreras
de cuadrigas.
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La
Tarragona Medieval
El casco histórico de la ciudad se despliega
entre el mar Mediterráneo y las antiguas murallas.
En este trazado se encuentra la Catedral de Santa María,
una construcción levantada sobre un templo romano
dedicado a Júpiter y una mezquita musulmana.
Portadas románicas, cubiertas de crucería
gótica y claustros de origen románico,
nos muestran la transición de un estilo a otro.
También pertenecientes a la Edad Media son las
arcadas de la calle Mercería, aunque la que se
considera la vía principal de la Tarragona medieval
es la calle de Çavallers. En esta zona central
de la ciudad destacan las Casas del Degà, dels
Concilis, de la Ciutat...
Al otro lado de la Rambla Vella se encuentra el trazado
racionalista de Tarragona, con su Rambla Nova, que llega
hasta el Paseo de las Palmeras y el Balcón del
Mediterráneo. Desde aquí se tiene una
de las mejores vistas sobre el mar y la playa de El
Miracle.
Entre los edificios modernistas de la antigua Tarraco
podemos visitar la torre y tribuna de la Casa Ripoll,
la construcción de hierro del Mercado Central
o la capilla del Colegio Jesús i María,
en cuya realización intervino Antonio Gaudí,
el mayor representante del Modernismo español.
La ciudad de Tarragona también posee una de las
mayores necrópolis paleocristianas de Occidente.
La decoración de ataúdes de madera, losas,
sarcófagos y mausoleos nos acercan al arte de
los primeros cristianos.
No hay que olvidar que la capital de la Costa Dorada
posee uno de los puertos más importantes del
“Mare Nostrum”. Una buena opción
para degustar el marisco y el pescado típicos
de la zona es dirigirnos a El Serrallo, el barrio pesquero
de la ciudad. Los langostinos de San Carlos de la Rápita,
los crustáceos de Cambrils
o las angulas del Delta
del Ebro son algunos de los productos costeros que
nos brinda la mesa tarraconense. Las hortalizas del
interior se acompañan con salsa romesco (elaborada
con pimientos rojos secos, tomates y almendras), mientras
que los guisos combinan las materias primas de la zona.
El pataco (guiso de caracoles, patatas, atún,
almendras, ajo y perejil), las albóndigas de
bacalao, o el arroz negro con sepia son algunas posibilidades.
Los postres tienen como principal ingrediente la almendra
y el limón. Los extensos viñedos de la
provincia dan origen a cinco interesantes denominaciones
de origen: Tarragona, Conca de Barberá, Penedés,
Priorato y Terra Alta. |
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Rutas
por la provincia
La situación de Tarragona, en plena Costa
Dorada, nos invita a recorrer un litoral de aguas
tranquilas y poco profundas, ideal para disfrutar con
los más pequeños, y de unas excelentes
playas de tono dorado. Localidades como Calafell, Torredembarra
o Altafulla combinan construcciones históricas
con una gran cantidad de ofertas vacacionales a orillas
del Mediterráneo. Enclaves como Salou,
Cambrils
y el Parque Natural
del Delta del Ebro, a orillas de aguas transparentes,
nos ofrecen el parque temático de Port
Aventura, una afamada tradición gastronómica
y bellos espacios protegidos. Podemos visitar también
el poblado ibérico Moleta del Remei, declarado
monumento histórico-artístico, situado
en el municipio de Les Cases d’Alcanar. |
Además, a la oferta cultural hay que
sumar la posibilidad de practicar multitud de deportes de
bajo impacto medioambiental y actividades náuticas
de cualquier tipo.
El interior de la provincia nos depara el importante conjunto
monumental formado por los edificios modernistas de la plaza
de Prim y la Casa Navàs de Reus.
Declarado conjunto histórico-artístico por su
arquitectura medieval, renacentista, barroca y modernista,
Tortosa es otra localidad que hay que visitar. Su Parador
de Turismo, el castillo de Zuda (o Suda), es Monumento Nacional
y una opción excepcional para alojarse en la fértil
vega del Ebro.
Por su parte, la Ruta de los Monasterios
del Císter, nos llevará a conocer en la
provincia de Tarragona los monasterios de Santes Creus y de
Poblet, este último declarado Patrimonio de la Humanidad
por la UNESCO. Podemos continuar este singular recorrido en
tierras de Lleida, en el monasterio de Vallbona de les Monges.
No lejos de Tarragona, en dirección a Barcelona,
se encuentra Altafulla, un pueblo que posee un encantador
casco antiguo para pasear con tranquilidad, además
de los restos de la villa romana de Els Munts. En un extremo
de la playa, apiñado sobre el acantilado se halla el
antiguo pueblo de Tamarit. Si seguimos en dirección
norte llegamos a Torredembarra, que cuenta con un agradable
puerto deportivo, una extensa playa y una zona litoral protegida
conocida como Els Muntanyans. Después del pueblo de
Creixell, la carretera transita por el monumento romano del
Arc de Barà, cerca del cual se encuentra la peculiar
urbanización Roc Sant Gaietà.
Si
dejamos atrás la carretera nacional y continuamos
por el litoral, cruzarémos las poblaciones costeras
de Coma-ruga y Sant Salvador y llegaremos a Calafell,
donde cabe destacar la ciudadela ibérica que
dio lugar a dicha población. Esta ha sido reconstruida
y su visita es especialmente singular e ilustrativa.
Desde este punto se puede continuar hasta Segur de Calafell
y Cunit, o bien por el interior hasta Vendrell, la capital
comarcal, donde podemos visitar el auditorio museo Pau
Casals, la casa natal del poeta Àngel Guimerà
o el museu Deu, que alberga una interesante colección
de piezas de arte sacro.
La Costa
Dorada también ofrece al viajero la posibilidad
de profundizar en el proceso de elaboración de
los vinos y cavas de la zona. En El Pinell de Brai,
Falset, Gandesa, L’Espluga de Francolí
y en Sarral se pueden visitar bodegas modernistas, algunas
de ellas construidas por César Martinell. Una
buena manera de conocer la integración del arte
en la vida cotidiana.
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